La mujer golpeada es dependiente, tiene baja autoestima y limitaciones para tomar decisiones en forma autónoma. Los efectos del trauma se exacerban por el hecho de que el agresor es alguien que debería amarla y protegerla, consigna el manual “El Cuerpo del Delito: los derechos humanos de las mujeres en la justicia penal”.

La violencia contra la mujer cometida por su pareja provoca importantes trastornos: miedo, tristeza, angustia, depresión, agresividad, enojo, codependencia, culpa, inseguridad, frustración y vergüenza.

Asimismo, trastornos sicosomáticos que se manifiestan en cefaleas, gastritis, insomnio, padecimientos dermatológicos o falta o exceso de apetito.

Igualmente, se desarrollan actitudes autodestructivas o suicidas o bien puede haber apatía, rechazo o disfunción. Todo lo anterior, se conoce como el Síndrome del Maltrato.

Las características del este síndrome se reflejan en las mujeres que son golpeadas por sus parejas, que al ser violentadas en sus hogares sufren la pérdida de su valía personal, del respeto a sí mismas, por lo que suelen aislarse y romper con sus redes sociales.

Por supuesto sienten miedo al agresor porque saben que quien las agrede es capaz de cumplir sus amenazas. Igualmente ven mermadas sus posibilidades laborales o profesionales cuando no cuentan con estructuras de apoyo.

La depresión forma parte de este síndrome y se manifiesta en una profunda tristeza, por no haber mantenido una relación de armonía en el hogar, la estabilidad de los hijos; por no cubrir sus propias expectativas o las que ellas esperaban. La víctima de maltrato encuentra pocas situaciones esperanzadoras y manifiesta indiferencia ante el mundo.

Las mujer golpeada siente vergüenza y se culpa de su situación por lo que tienden a guardar silencio al respecto. Ellas consideran que por no estar haciendo bien las cosas merecen ser maltratadas.

La jurista Patricia Olamendi, autora del manual, recomienda a los responsables de atender a este tipo de víctimas (ministerios públicos, policías y médicos) no culparlas de la situación ni cuestionar la permanencia de la mujer al lado de su pareja, así como tampoco tratarlas como incapaces y los invita a abandonar mitos como los referentes al masoquismo, provocación, enfermedad e histeria.

Olamendi considera que no es adecuado inducir actos de reconciliación entre la víctima y el agresor como solución al problema que viven dentro de sus hogares.